20100201

Esperaré
lo
que
sea

20090713

Ejercicio poético con la frase 'te quiero', o probando la paciencia del lector


Te quiero dolorosamente.
Las alas de las mariposas
que habitan mi estómago
son filos de acero lacerantes.
Te quiero tristemente,
con madrugadas de lluvia,
con lunas tímidas y oscuras,
con corredores vacíos,
te quiero con la tiesa,
congelada, palabra
deste lado de los labios,
con el tono palpitante
de un teléfono muerto,
te quiero de día si parece noche
y de noche si parece infierno.
Te quiero con los ojos
y con el sobresalto de la ropa,
te quiero en cabrestantes
en parcelas estiradas cada día,
con poleas y molinetes.
Te quiero con dolor de muelas
y aspavientos entumidos
Te quiero, de aquí hasta el lugar común.
Te quiero contra mi mejor opinión
te quiero contra todos los pronósticos
te quiero, en promedio, cuatro veces
una por cada costado
y por arriba y abajo te quiero
te quiero mas sin en cambio,
te quiero nosotros, los de entonces
ya no somos los mismos te quiero
te quiero comillas te quiero
De hecho, como decía el poeta
te quiero.
Te quiero, regresando al buen camino
de las metáforas como relojito,
con la tristeza condensada
de varios años de sequía.
Te quiero con mi saudade
y mi suavidad, te quiero.
Te quiero, reciclando imágenes,
con el aire de la mañana
preso en tu cabello
con el sorbo temprano de café,
abonada con mis ósculos,
en la batea de una camioneta,
rechinando los dientes, te quiero.
Con lapsus calami,
te queiro, te qiuero, te quireo,
con el azul celetse
con la sonrisa próidga.
CON MAYÚSCULAS
te quiero gritonamente.
Te quiero en letra arial a doce puntos
con espacio y medio,
con comprobante de domicilio
con original y copia
con credencial vigente con foto.
Te quiero a ti y a tu cotorrita,
aunque no sepas qué es,
aunque no conozcas ni a coetzee ni a mí,
quijotescamente,
sanchopancescamente,
te quiero.

20090603

Lluvia

Llueve. Tanto que las capas de aire se espesan y el horizonte oculta con su capa blanca al Pico de Orizaba y al Cofre de Perote. Si no trajera cosas que al mojarse se descomponen (mi ipod, mi teléfono celular, mi libro de Danilo Kis, mi salud...) caminaría bajo la lluvia hasta los dos o tres lugares a los que tengo que ir hoy. Cuando llueve así de fuerte, casi horizontalmente, me mojo las piernas sin remedio, de las rodillas hacia abajo.

Escribo sobre la lluvia, pero a la vez no escribo sobre ella. Escribo sobre la saudade, sobre las ausencias, sobre los planes futuros arruinados y la impotencia de las palabras.

Me he estado durmiendo temprano. Ha habido momentos en mi vida en que dormirme a las 0400 de la mañana era lo más normal, o las 0200, o a las 0130, pero me he estado acostando a las 2300 y caigo en un sopor acuoso, marásmico, pegajoso. Una voz me habla de lo más profundo del cansancio. Creo que no son vitaminas lo que me falta.

De pronto cesa la lluvia. Una extraña luminosidad cruza las capas de aire. Ya no llueve, pero aún llueve.

20081006

Placeres culposos


Esta semana en
Postsecret hay un secreto que dice (traducción simultánea):

Aunque tu corazón salvó la vida de alguien...
deseo que siguiera latiendo dentro de ti.


En la imagen se ve un joven alegre, mostrando los bíceps.

Frank, el administrador del blog, a veces incluye los e-mails que mandan los lectores de Postsecret y que podrían dar alguna especie de consuelo o apoyo. Bajo esta postal puso dos:

Alguien puede ver ahora a través de los ojos de mi mamá, Desearía que, en vez de eso, ella me estuviera mirando con ellos.

Su corazón debe haber sido hermoso y fuerte. Desearía que la vida que salvó hubiera sido la de mi hermano.


Este tipo de estrujamiento del corazón es el que busco cuando leo este famosísimo blog. Algo de consuelo y liberarse un poco es lo que impulsa a miles de personas a enviar sus postales.

Recién se abrió un blog un poco menos espeso, pero con el mismo espíritu: liberarse de secretos, pero en forma de placeres culposos. Cualquiera puede publicar sus placeres que le daría pena admitir en público, con total anonimato, sólo deben enviar un correo electrónico a placeresculposos@gmail.com No se pondrá su nombre ni dirección de correo. La invitación está abierta.

20080924

En que se habla de sueños


Hoy soñé que tenía una herida en la pierna y mi labor en la oficina donde trabajo era cuestión de obediencia militar. La herida tenía sangre seca, fresca y viscosa, los vellos enredados estaban pegados a la piel, que tenía un color que no debe tener la piel sana. Por disposiciones que no comprendo y que no cuestioné (estaba soñando, ya saben cómo es eso) se decidía que lo mejor era amputar la pierna, un poco abajo de la rodilla.

Todo esto pasaba en mi lugar de trabajo. A veces uno sueña que está en casa o en otro lugar, pero el lugar del sueño no corresponde al de la realidad, pero en el sueño uno sabe que, efectivamente, ésa es su casa. Pues no era así, soñé con la oficina tal cual es.

Total que le hablaban a un doctor, él venía a la oficina y me veía la pierna, sin siquiera tocarla, y decía "mejor voy a cortar la otra, ésta todavía puede salvarse" y yo pensaba "tiene sentido, si puede salvarse para qué cortarla". Entonces una enfermera empezaba a amarrarme un trapo en la boca y me decía que lo mordiera. Yo interrumpía al ver el oxidado serrucho que el doctor estaba sacando de un maletín negro, como deben ser todos los maletines negros de los doctores, y como seguramente era el maletín de Farabeuf.

Le decía "nel, yo quiero que me duerma, no anestesia local, quiero que me duerma" y el doctor replicaba "es que así es más fácil y más rápido". Yo contestaba que no me importaba, y que ciertamente no sería más fácil para mí. La jefa intervenía y decía que mejor lo dejáramos para el día siguiente. Yo sospechaba que su decisión tenía que ver con la carga de trabajo del departamento, pero no decía nada, significaba un día más con mi pierna y que podría despedirme de ella apropiadamente.

Durante el resto de la jornada laboral lloraba porque era el último día con las dos piernas. Al salir del trabajo pensaba que en realidad era absurdo que me amputaran la pierna si había posibilidad de salvarla, pero más ridículo era que me cortaran la sana. Y pensaba "mañana se los diré, no dejaré que me corten la pierna, además, fuera de la herida, no le veo nada malo".

Apuntes:

*Durante todo el sueño la pierna no me dolía ni nada, en el sueño no sentía molestia de ningún tipo.

**Acababa de leer un pasaje en el que unos mongoles desollaban a un hombre vivo y el recuerdo quedó vivamente impreso.

***Mis dos abuelos tenían diabetes y a ambos les amputaron las piernas.

****La referencia a Farabeuf, aunque se me acaba de ocurrir, no es gratuita, quien leyó el libro de Salvador Elizondo sabe a qué me refiero. Además, también hay una tortura (pero china) descrita gráficamente.


Si en la noche regresa el doctor, a quien llamaré Farabeuf, ya les contaré de a cómo nos toca.

20080918

En que Armandís habla de sí en tercera persona


A lo lejos, los árboles, los carros, los edificios se veían con una nitidez inusitada. Armando se detuvo a mitad del puente peatonal para analizar el fenómeno. El día estaba nublado, pero el horizonte adquiría una profundidad pocas veces vista. La luz era extraña, era como si no existiera; por supuesto que la había, de otra forma no se habría visto nada, simplemente sucede que –pensó después– las cosas se ven como si se hubiera levantado un velo, una cortina que no dejaba apreciarlas por completo. Eso era, lo cerrado del cielo no permitía el paso de la luz directa, la luz que hace entrecerrar los ojos o poner una mano hábilmente extendida sobre las cejas, la luz que obliga a usar lentes oscuros, la luz reverberante de los días de verano, la luz que hacía ver blanquísimos los azahares de la niñez.

Apresada, permanecía estática entre el Arriba y el Abajo, no lastimaba la vista, sino que la alargaba y dibujaba mejor los contornos, las sombras del rostro proyectadas por el propio rostro; las líneas y nervaduras de las hojas palpitantes, las ramas meciéndose; los cortes rectos, predecibles, de los edificios; los nerviosos autos, surcando la carretera.

Armando, parado ahí, viendo pasar a la gente que no parecía darse cuenta del fenómeno, se sintió secretamente feliz por un momento.

20080729

Armandís está...

Qué hacer cuando no tienes ganas de hacer nada. Los amigos me dicen pues sal (del verbo salir, no de cloruro de sodio-NaCl), pero precisamente no tengo ganas de salir. Tampoco de leer o de caminar o de tomarme unas cervezas.

Quiero creer que son las vacaciones, que me cierro al exterior y que reposo en mí, me nutro de mí, viendo hacia dentro, me tomo vacaciones del mundo e, incluso, de mí y de mis deseos.
Pero ¿y si no son las vacaciones? Y si algo se rompió dentro de mí, digamos, el resorte de las ganas de hacer cosas.

Quizá es la sibutramina, pero los síntomas los acusaba desde antes. ¿Y si regreso al trabajo y sigo con esta apatía de días sin bañarme, sin rasurarme?

No estoy triste, sorprendentemente. Estoy... no sé.