20080506

Hoy volví a verte, lo cual no es raro ni curioso, lo curioso fue que pensé, un poco antes de pasar por tu trabajo "la voy a ver", y sí, ahí estabas, de espaldas, con una blusa amarilla y tu pelo suelto. Curioso también fue que me dio gusto verte, no sentí la punzada dolorosa de otros días.

Ultimamente he pensado en mandarte con la amiga los doce poemas que te he escrito, "es lo mínimo que puedo hacer", pienso. Una vez platicamos sobre el derecho que tiene sobre el poema la persona que lo inspiró, y repito, lo mínimo es que lo conozcas. Sin embargo, un amigo me hizo notar que no había pensado en las consecuencias. Yo sinceramente pensé que no las habría, no es mi intención que los poemas te hagan cambiar de opinión sobre lo que sientes por mí, dada la seguridad con que me dijiste las cosas que me dijiste ese día. Reparé, no obstante, en que tal vez te enojarías conmigo por no dejarte en paz, o que te sentirías halagada, pero no aceptarías el sentimiento, o tal vez, te sentirías triste, nostálgica; pero lo dudo. Pretendí que no me importaba si los leías o no, si te gustaban o si los odiabas, si los guardabas primorosamente o si los destruías, pero sí me importa.

Ahora no sé qué hacer.

También está la cuestión de que si te amo/amaba tanto, por qué no luchar, por qué me di por vencido tan pronto. ¿Es parte de ese amor el respeto por tu decisión?, ¿o es excusa para rendirme? ¿Ya me rendí? Esta decisión de darte los poemas ¿es un primer paso?, ¿qué espero lograr con ello?, ¿vale la pena?

20080424

Camino al trabajo un autobús del Museo Interactivo de Xalapa repleto de estudiantes con uniformes amarillos me cedió el paso.

Y yo no sé ustedes, pero yo acostumbro saludar cuando me saludan. Pues bien, un grupo de estos niños me saludó y les devolví el saludo. Creo que no se lo esperaban o tal vez venían jugando algo, pues el alboroto fue evidente. Tal vez se reían de mi camisa hawaiana con colores varios, chillones todos. Si fue esto último, me tiene sin cuidado.

Las policias que cuidan la entrada de mi edificio vieron todo, me recibieron con amplias sonrisas aprobatorias.

Esos niños y niñas me alegraron el día, y eso que venía oyendo Travis, que ultimamente me pone mal. En fin, hasta en los polos sale el sol de vez en vez.

20080423

Hoy te vi y no me bajé del bus

Hoy te vi, ibas llegando a tu trabajo; mientras yo siga en mi trabajo, y tú en el tuyo, los ocasionales encuentros serán inevitables.

Ayer borré (casi) todas las fotos tuyas que cargaba en mi celular y en mi cámara.

20080422

EnDF


Quisiera pensar que no escribir ya tanto sobre ti es un indicador de que voy por el buen camino de la sanación, pero la verdad es que no he escrito para hacerme creer a mí mismo que pienso menos en ti, o que me duele menos esta doble soledad que me habita ultimamente.


Fui al DF. Concierto de Goran Bregovic con excelente compañía, sin querer. Estancia con una amiga. Paseos de varias horas por el centro histórico. En el metro vi a un EMO de verdad, como los de la tele, tenía los ojos claros y miraba como asombrado todo. En Motolinía vi una banda de ciegos tocar. En catedral un gato suelto y otro más en un área verde del Centro Nacional de las Artes. Vi un libro de una maestra en dos librerías de Donceles. En otra vi un libro de una antropóloga (de quien alguna vez hice un dictamen sobre uno de sus libros) en la sección de novelas. Desayuné en la terraza del Majestic, amanecía y la ciudad se veía limpia.

Por supuesto, me invadieron recuerdos de otras veces que he estado en DF. Paseando por el centro supe que soy de ahí, no lo sabía. Mi mamá y mis tías ahí nacieron, ahí vivió mi abuela muchos años y ahí conoció a mi abuelo.

Mostrando las fotos que recién había tomado me topé en más de una ocasión con fotos tuyas. En la madrugada, ya en Xalapa, borré todas las fotos tuyas que conservaba en la cámara.

El vino bordeaux cosecha 1998 que guardé tanto tiempo, y que pensaba abrir el día que fueras a mi casa, como varias veces me dijiste ("tenemos tiempo", decías), me lo tomé con mi amiga. Estaba excelente. Vimos la mitad de The Royal Tenenbaums, afortunadamente el sueño nos venció antes de llegar a las partes que me hacen llorar.

En este viaje decidí no pensar en ti como si estuvieras conmigo y sostener largos soliloquios. Me hiciste falta. Es mejor mi soledad contigo, que mi soledad sin ti.

20080308

Todas las cosas que les he dicho a los amigos, que estoy bien, que a veces siento como si me hubiera enamorado de ti a fuerza, que ya una vez te había perdido y por eso la segunda vez no fue tan dolorosa, que perderte era un riesgo que asumí desde el principio, que lo que más me dolía era la forma en que pasaron las cosas; todas esas cosas son puras mentiras: formas de eludir la verdad y el dolor que ella acarrea consigo.

No hablar de ello es, creo, un mecanismo para seguir sorteando la realidad.

La verdad es que yo sí te amaba, te amo dolorosamente, y no estoy bien sin ti.

20080306

Armandís, you are more desired than 21% of all people

"This email was sent by Social Profile:

In total, you were reviewed for dating 2 times and no people expressed interest in you.
You are more desirable than 21% of 23,341,683 people.

Last week you were viewed 1 time and no people expressed interested in you".


Lo único que me impide deprimirme por completo es el 21% que está por debajo de mí. ¡
Maldito Facebook!

:(

20080227

De Coetzee

Hoy me levanté a las 0500 para obtener una de las primeras consultas en la clínica del seguro que me toca, a las 0610 ya estaba esperando a la enfermera que da las citas y ya había dos personas antes que yo.

Espera en total de tres horas, mi compañero, un libro, como últimamente. Era El maestro de Petersburgo, de J. M. Coetzee, una novela que trata un pasaje de la vida de Fiodor Dostoievski, tiene mucho que ver con el dolor y el luto.

Reproduzco un fragmento:


"Si siguieras mi consejo, Fiodor Mijailovich, y confío en que no te importe que apeemos el tratamiento, si quieres saber cuál es el consejo de uno que ha pasado, por así decir, por la piedra de amolar, cede a tu pena, no la resistas, llora como una mujer. Ese es el gran secreto de las mujeres, eso es lo que les da ventaja sobre los hombres como nosotros. Saben cuándo ceder, cuándo echarse a llorar. Nosotros, tú y yo, no lo sabemos. Aguantamos, embotellamos la pena dentro de nosotros, la encerramos a cal y canto, hasta que se convierte en el mismísimo demonio. Y entonces nos da por cometer alguna estupidez, solo con tal de librarnos de la pena, aunque no sea más que un par de horas. Sí, cometemos alguna estupidez que luego habremos de lamentar durante toda la vida. Las mujeres no son así, porque conocen el secreto de las lágrimas. Tenemos que aprender del sexo débil, Fiodor Mijailovich; tenemos que aprender a llorar. Fíjate: a mí no me avergüenza llorar. El mes que viene se cumplirán tres años desde que sobrevino la tragedia. ¡Y no me avergüenza llorar!"


Ahora bien, mi problema no es el llanto, sino que creo que estoy, al menos en parte, en la negación. Quiero suponer que es pronto. Tampoco estoy de acuerdo con lo de sexo débil, pero hay que considerar el contexto.

Es que gran parte de mi vida, de las cosas cotidianas, se hallan aún inmersas en tu presencia: tu nombre aparece en todos mis correos electrónicos y en mi cartera; cargo tus fotos en mi iPod y en mi celular; en la cocina está el vaso de tu cena de graduación; entre mis libros habitan los recuerdos, en mi PC, en mis fotos del FB; eso sin contar que he visto cuando te conectas en el messenger, aunque he optado por no hablarte y permanecer como no conectado.

Si permanezco "embotellado", es en tu recuerdo, que me rodea casi como el dolor de no tenerte, no he eliminado o escondido lo que me recuerda a ti por miedo. El miedo a perderte ha tomado otro cariz, el miedo de mi vida sin ti, creo que a eso es a lo que me cierro con tanta vehemencia.

Y no pienso cometer una estupidez, no. Con las que cometí contigo bastan.