20090310

Tal vez tu recuerdo con el tiempo se vuelva a amargo; no sé si quiero eso. Sé que no quiero verte. Quiero, pero temo los borbotones de sentimientos. También sé que no seré tu amigo, no podría serlo. Un sueño aclaró eso para mí. Nos encontrábamos al azar. Yo intentaba irme, tú me decías que la que eras antes estaba como encerrada en una coraza y no sé que más, y que te disculpara. Ambos sabíamos que eso no significaba un “empecemos de nuevo”. Entonces yo te dije que nunca sería tu amigo. No recuerdo si te daba la disculpa que pedías. Nunca seremos nada uno del otro. Ahora, con más de un año en medio de nosotros sé que, si para sanar por completo es necesario que tu recuerdo se vuelva odioso, que así sea. Aunque si la decisión fuera mía, y si ello no me lastimara, preferiría quererte siempre.





20081201

Si el luto, como un embarazo, durara nueve meses, ya me sentiría bien y sostendría en los brazos mi corazón nuevo.

20081118

Heartbreak hotel


A veces no tengo ganas de leer. A veces sólo quiero tumbarme y que el tiempo pase sobre mí como un conjunto de estrellas olvidadizas. A veces en el polvo que el viento del norte levanta adivino toda suerte de nombres, menos el que quiero leer.


El camino rojo en el bosque del que alguna vez escribí ha desaparecido. Queda el sendero, pero de las piedras rojas que tronaban agradablemente bajo los pies sólo quedan migajas, esparcidas, sucias, al lado del camino.

A veces me siento como un hotel de paso abandonado. Las puertas rechinan y, prendidas de una sola bisagra, arrastran conforme la voluntad del viento. Las habitaciones son un paraíso para el polvo y las alimañas. Nada más triste que quinientas ventanas cerradas. Fantasmas deambulan, no arrastran cadenas, sino los pies; abandonados, olvidados por el mundo, no hallan descanso.

Pasan los autos. Pasan.

20081107

An end has a start




In the end
all you can hope for
is the love you felt
to equal the pain
you've gone through.

Editors, Bones

20081006

Placeres culposos


Esta semana en
Postsecret hay un secreto que dice (traducción simultánea):

Aunque tu corazón salvó la vida de alguien...
deseo que siguiera latiendo dentro de ti.


En la imagen se ve un joven alegre, mostrando los bíceps.

Frank, el administrador del blog, a veces incluye los e-mails que mandan los lectores de Postsecret y que podrían dar alguna especie de consuelo o apoyo. Bajo esta postal puso dos:

Alguien puede ver ahora a través de los ojos de mi mamá, Desearía que, en vez de eso, ella me estuviera mirando con ellos.

Su corazón debe haber sido hermoso y fuerte. Desearía que la vida que salvó hubiera sido la de mi hermano.


Este tipo de estrujamiento del corazón es el que busco cuando leo este famosísimo blog. Algo de consuelo y liberarse un poco es lo que impulsa a miles de personas a enviar sus postales.

Recién se abrió un blog un poco menos espeso, pero con el mismo espíritu: liberarse de secretos, pero en forma de placeres culposos. Cualquiera puede publicar sus placeres que le daría pena admitir en público, con total anonimato, sólo deben enviar un correo electrónico a placeresculposos@gmail.com No se pondrá su nombre ni dirección de correo. La invitación está abierta.

20080924

En que se habla de sueños


Hoy soñé que tenía una herida en la pierna y mi labor en la oficina donde trabajo era cuestión de obediencia militar. La herida tenía sangre seca, fresca y viscosa, los vellos enredados estaban pegados a la piel, que tenía un color que no debe tener la piel sana. Por disposiciones que no comprendo y que no cuestioné (estaba soñando, ya saben cómo es eso) se decidía que lo mejor era amputar la pierna, un poco abajo de la rodilla.

Todo esto pasaba en mi lugar de trabajo. A veces uno sueña que está en casa o en otro lugar, pero el lugar del sueño no corresponde al de la realidad, pero en el sueño uno sabe que, efectivamente, ésa es su casa. Pues no era así, soñé con la oficina tal cual es.

Total que le hablaban a un doctor, él venía a la oficina y me veía la pierna, sin siquiera tocarla, y decía "mejor voy a cortar la otra, ésta todavía puede salvarse" y yo pensaba "tiene sentido, si puede salvarse para qué cortarla". Entonces una enfermera empezaba a amarrarme un trapo en la boca y me decía que lo mordiera. Yo interrumpía al ver el oxidado serrucho que el doctor estaba sacando de un maletín negro, como deben ser todos los maletines negros de los doctores, y como seguramente era el maletín de Farabeuf.

Le decía "nel, yo quiero que me duerma, no anestesia local, quiero que me duerma" y el doctor replicaba "es que así es más fácil y más rápido". Yo contestaba que no me importaba, y que ciertamente no sería más fácil para mí. La jefa intervenía y decía que mejor lo dejáramos para el día siguiente. Yo sospechaba que su decisión tenía que ver con la carga de trabajo del departamento, pero no decía nada, significaba un día más con mi pierna y que podría despedirme de ella apropiadamente.

Durante el resto de la jornada laboral lloraba porque era el último día con las dos piernas. Al salir del trabajo pensaba que en realidad era absurdo que me amputaran la pierna si había posibilidad de salvarla, pero más ridículo era que me cortaran la sana. Y pensaba "mañana se los diré, no dejaré que me corten la pierna, además, fuera de la herida, no le veo nada malo".

Apuntes:

*Durante todo el sueño la pierna no me dolía ni nada, en el sueño no sentía molestia de ningún tipo.

**Acababa de leer un pasaje en el que unos mongoles desollaban a un hombre vivo y el recuerdo quedó vivamente impreso.

***Mis dos abuelos tenían diabetes y a ambos les amputaron las piernas.

****La referencia a Farabeuf, aunque se me acaba de ocurrir, no es gratuita, quien leyó el libro de Salvador Elizondo sabe a qué me refiero. Además, también hay una tortura (pero china) descrita gráficamente.


Si en la noche regresa el doctor, a quien llamaré Farabeuf, ya les contaré de a cómo nos toca.

20080918

En que Armandís habla de sí en tercera persona


A lo lejos, los árboles, los carros, los edificios se veían con una nitidez inusitada. Armando se detuvo a mitad del puente peatonal para analizar el fenómeno. El día estaba nublado, pero el horizonte adquiría una profundidad pocas veces vista. La luz era extraña, era como si no existiera; por supuesto que la había, de otra forma no se habría visto nada, simplemente sucede que –pensó después– las cosas se ven como si se hubiera levantado un velo, una cortina que no dejaba apreciarlas por completo. Eso era, lo cerrado del cielo no permitía el paso de la luz directa, la luz que hace entrecerrar los ojos o poner una mano hábilmente extendida sobre las cejas, la luz que obliga a usar lentes oscuros, la luz reverberante de los días de verano, la luz que hacía ver blanquísimos los azahares de la niñez.

Apresada, permanecía estática entre el Arriba y el Abajo, no lastimaba la vista, sino que la alargaba y dibujaba mejor los contornos, las sombras del rostro proyectadas por el propio rostro; las líneas y nervaduras de las hojas palpitantes, las ramas meciéndose; los cortes rectos, predecibles, de los edificios; los nerviosos autos, surcando la carretera.

Armando, parado ahí, viendo pasar a la gente que no parecía darse cuenta del fenómeno, se sintió secretamente feliz por un momento.