Qué hacer cuando no tienes ganas de hacer nada. Los amigos me dicen
pues sal (del verbo
salir, no de cloruro de sodio-NaCl), pero precisamente no tengo ganas de salir. Tampoco de leer o de caminar o de tomarme unas cervezas.
Quiero creer que son las vacaciones, que me cierro al exterior y que reposo en mí, me nutro de mí, viendo hacia dentro, me tomo vacaciones del mundo e, incluso, de mí y de mis deseos.
Pero ¿y si no son las vacaciones? Y si algo se rompió dentro de mí, digamos, el resorte de las ganas de hacer cosas.
Quizá es la sibutramina, pero los síntomas los acusaba desde antes. ¿Y si regreso al trabajo y sigo con esta apatía de días sin bañarme, sin rasurarme?
No estoy triste, sorprendentemente. Estoy... no sé.