20080703

Ese que no soy yo

A menudo he fantaseado con ser otro. Y no ser otro sólo por serlo, sino ser alguien radicalmente distinto a mí. Me interesan los aspectos físico y mental. Incluso he pensado en el extremo: ser chaparrito, pelón, de lentes; o ser un completo idiota, cínico, corrupto y espurio.

Pero no sólo habitar esta energía que soy tras los ojos de alguien más, conservando mi conciencia; sino ser, en cada célula e impulso neuronal, esa otra persona.

Creo que lo llamativo para mí, en estas suposiciones, es experimentar otros tipos de conciencia: la conciencia de no tener nada, de no saber qué comeré mañana o dónde dormiré; la conciencia más apremiante de la salud, en el lecho sudado y oloroso, con dolores, con oleadas de malestar; la del deportista que ve lejanas sus aspiraciones sin importar lo duro que entrena o, por el contrario, del deportista exitoso; la del laureado profesor; la del ladrón, del malhechor necesitado que no sabe hacer otra cosa o la del que no quiere hacer otra cosa; del que hiere a alguien por gusto; de los estúpidos policías que, en vez de jalar, empujan; la conciencia del antropólogo que por primera vez se lleva a la boca un Psilocybe mexicana o cubensis; la del nuevo rico que todavía experimenta una corriente de endorfinas al comprar lo que antes no podía; la de la niña que espera un bebé, sin desearlo; la del escultor que vende su primer obra; la del jefe que es buena persona, pero no puede mostrarlo a sus empleados; la del bloguero(a) que escribe diario; la conciencia del anónimo que se toma muchas molestias para molestar; la del asesor de tesis que envidia a su asesorado; la del que incurre en acoso sexual; la de la acosada; la del que tiene dos trabajos y, además, es taxista; la conciencia de un vendedor de quesadillas; de un grupero, un reggaetonero; de un emo; de alguien con un título nobiliario; de un ciego; de un personaje de novela que se sabe personaje.

O experimentar la conciencia de otros seres: la de los árboles, de sus hojas ligeras y próximas a caer, de sus troncos torcidos o rectos, robustos o frágiles, de su savia palpitante; la de las luciérnagas y su búsqueda; la vertiginosa conciencia de las golondrinas; la de la mariposa que se esconde tras la puerta; la del gis que cumpliendo su propósito se consume; la de un libro, mientras alguien recorre su lomo con el dedo, o le hace cosquillas entre las páginas; la de un vaso, ¡Mas qué vaso —también— más providente!

O tal vez sea que, motivado por mis inconformidades, ansío dejar de ser yo mismo por un momento.

20080619

Armandís piensa en el futuro (del subjuntivo)

¿Y si me decidiere a enderezar mi vida? Si, por ejemplo, dijéramos, me metiere por fin al gimnasio e iniciare un régimen. O, no sé, empezare con la tesis y el servicio o dejare este trabajo, o si buscare una beca y me fuere del país o le dedicare ocho horas diarias a escribir y leer, ¿qué?

¿O si limpiare mi recámara con la regularidad de antes e hiciere lo que tengo que hacer cuando lo tengo que hacer?

Y ya hablando de la escritura, ¿y si retomare alguna de las tres novelas hasta acabarla?, ¿o hiciere el volumen de cuentos, o el de poemas?

O si, por el contrario, regresare a Mina y trabajare en la Refinería General Lázaro Cárdenas con un sueldo mínimo de doce mil pesos al mes, consiguiere una mujercita bonita, aunque tonta, y me dedicare a darle nietos a mi madre y a crecer mi panza cervecera, ¿qué, entonces?

O si ahorrare y no comprare tantos DVD que luego ni veo, o si, simplemente, pensare en el futuro como si me importara, y dejare de estar a la deriva, a la buena de Dios, que le dicen, ¿qué?

20080618

El lado amable de la censura

No toda la censura es mala; la impuesta por algunos gobiernos autoritarios o por aquellos que buscan ocultar algo que perjudique su beneficio personal por supuesto que lo es.

Pero las hay que buscan algún tipo de bienestar distinto del propio, la que no es egoísta, la que impone el decoro de no mostrar cuerpos mutilados en la televisión; o la que calla para no lastimar, como un amigo que no dice la verdad; la que omite para no humillar; la que procura no mostrar horrores a los que nada pueden hacer para solucionarlos; la del ataúd cerrado; la que cubre la desnudez de los ancianos y obvia la estupidez de los necios. La autocensura que convence al escritor de no incluir en su biografía aquel periodo de la adolescencia en que se masturbaba como mono.

Dicen los gringos ignorance is bliss, y temo que a veces estoy de acuerdo.

Pensaba borrar este blog una vez que no tuviera nada que decir acerca de ti, pero me ha servido de terapia y me encuentro mejor. Lo conservaré, y ya no hablaré de ti más, me censuraré, aunque de cierta forma estarás presente en cada post. Para mí, respecto de ti, M., lo mejor es el silencio.


Well, it's been a long time, long time now
since I've seen you smile.

Beirut, Nantes

20080506

Hoy volví a verte, lo cual no es raro ni curioso, lo curioso fue que pensé, un poco antes de pasar por tu trabajo "la voy a ver", y sí, ahí estabas, de espaldas, con una blusa amarilla y tu pelo suelto. Curioso también fue que me dio gusto verte, no sentí la punzada dolorosa de otros días.

Ultimamente he pensado en mandarte con la amiga los doce poemas que te he escrito, "es lo mínimo que puedo hacer", pienso. Una vez platicamos sobre el derecho que tiene sobre el poema la persona que lo inspiró, y repito, lo mínimo es que lo conozcas. Sin embargo, un amigo me hizo notar que no había pensado en las consecuencias. Yo sinceramente pensé que no las habría, no es mi intención que los poemas te hagan cambiar de opinión sobre lo que sientes por mí, dada la seguridad con que me dijiste las cosas que me dijiste ese día. Reparé, no obstante, en que tal vez te enojarías conmigo por no dejarte en paz, o que te sentirías halagada, pero no aceptarías el sentimiento, o tal vez, te sentirías triste, nostálgica; pero lo dudo. Pretendí que no me importaba si los leías o no, si te gustaban o si los odiabas, si los guardabas primorosamente o si los destruías, pero sí me importa.

Ahora no sé qué hacer.

También está la cuestión de que si te amo/amaba tanto, por qué no luchar, por qué me di por vencido tan pronto. ¿Es parte de ese amor el respeto por tu decisión?, ¿o es excusa para rendirme? ¿Ya me rendí? Esta decisión de darte los poemas ¿es un primer paso?, ¿qué espero lograr con ello?, ¿vale la pena?

20080424

Camino al trabajo un autobús del Museo Interactivo de Xalapa repleto de estudiantes con uniformes amarillos me cedió el paso.

Y yo no sé ustedes, pero yo acostumbro saludar cuando me saludan. Pues bien, un grupo de estos niños me saludó y les devolví el saludo. Creo que no se lo esperaban o tal vez venían jugando algo, pues el alboroto fue evidente. Tal vez se reían de mi camisa hawaiana con colores varios, chillones todos. Si fue esto último, me tiene sin cuidado.

Las policias que cuidan la entrada de mi edificio vieron todo, me recibieron con amplias sonrisas aprobatorias.

Esos niños y niñas me alegraron el día, y eso que venía oyendo Travis, que ultimamente me pone mal. En fin, hasta en los polos sale el sol de vez en vez.

20080423

Hoy te vi y no me bajé del bus

Hoy te vi, ibas llegando a tu trabajo; mientras yo siga en mi trabajo, y tú en el tuyo, los ocasionales encuentros serán inevitables.

Ayer borré (casi) todas las fotos tuyas que cargaba en mi celular y en mi cámara.

20080422

EnDF


Quisiera pensar que no escribir ya tanto sobre ti es un indicador de que voy por el buen camino de la sanación, pero la verdad es que no he escrito para hacerme creer a mí mismo que pienso menos en ti, o que me duele menos esta doble soledad que me habita ultimamente.


Fui al DF. Concierto de Goran Bregovic con excelente compañía, sin querer. Estancia con una amiga. Paseos de varias horas por el centro histórico. En el metro vi a un EMO de verdad, como los de la tele, tenía los ojos claros y miraba como asombrado todo. En Motolinía vi una banda de ciegos tocar. En catedral un gato suelto y otro más en un área verde del Centro Nacional de las Artes. Vi un libro de una maestra en dos librerías de Donceles. En otra vi un libro de una antropóloga (de quien alguna vez hice un dictamen sobre uno de sus libros) en la sección de novelas. Desayuné en la terraza del Majestic, amanecía y la ciudad se veía limpia.

Por supuesto, me invadieron recuerdos de otras veces que he estado en DF. Paseando por el centro supe que soy de ahí, no lo sabía. Mi mamá y mis tías ahí nacieron, ahí vivió mi abuela muchos años y ahí conoció a mi abuelo.

Mostrando las fotos que recién había tomado me topé en más de una ocasión con fotos tuyas. En la madrugada, ya en Xalapa, borré todas las fotos tuyas que conservaba en la cámara.

El vino bordeaux cosecha 1998 que guardé tanto tiempo, y que pensaba abrir el día que fueras a mi casa, como varias veces me dijiste ("tenemos tiempo", decías), me lo tomé con mi amiga. Estaba excelente. Vimos la mitad de The Royal Tenenbaums, afortunadamente el sueño nos venció antes de llegar a las partes que me hacen llorar.

En este viaje decidí no pensar en ti como si estuvieras conmigo y sostener largos soliloquios. Me hiciste falta. Es mejor mi soledad contigo, que mi soledad sin ti.