20100224

¿Dónde estarás, qué harás?



Está lloviendo en el campo,
está lloviendo en el campo,
está lloviendo en el campo,
mamita mía, mi amor se moja,
mi amor se moja.

Quién fuera un arbolito,
quién fuera un arbolito,
quién fuera un arbolito,
mamita mía, lleno de hojas,
lleno de hojas.



Fragmento de Los cuatro muleros,
canción popular recuperada por
Federico García Lorca
y adaptada por Enrique Morente

20100212

Un mes justo duró lo nuestro, Natasha. No temo decir que fue el mes más intenso de mi vida. Un mes, sólo, pero para que nos llegara nuestro tiempo, por corto que haya sido, tuvieron que pasar veintiséis años desde que nos conocimos.

20091004

Tal vez lo correcto es que te agradezca por lo vivido, aunque efímero. El recuerdo, incendiario, me ha asaltado en días recientes. He callado tu nombre por las mañanas, entre las sábanas, en la ducha de agua fría. Qué tanto de ti es ficción, no lo sé ya. He soportado, en cambio, la apremiante necesidad de ver nuestras fotos. Justo ahora escucho las canciones que oía mientras pensaba en ti hace un par de años. En el congelador sigue lo que compré para ti sin saberlo; en los estantes de la cocina el vaso que te celebra. Me he deshecho de los regalos que te nunca te pude entregar. ¿Hasta cuándo seguiré escribiendo como si me pudieras leer?

20090713

Ejercicio poético con la frase 'te quiero', o probando la paciencia del lector


Te quiero dolorosamente.
Las alas de las mariposas
que habitan mi estómago
son filos de acero lacerantes.
Te quiero tristemente,
con madrugadas de lluvia,
con lunas tímidas y oscuras,
con corredores vacíos,
te quiero con la tiesa,
congelada, palabra
deste lado de los labios,
con el tono palpitante
de un teléfono muerto,
te quiero de día si parece noche
y de noche si parece infierno.
Te quiero con los ojos
y con el sobresalto de la ropa,
te quiero en cabrestantes
en parcelas estiradas cada día,
con poleas y molinetes.
Te quiero con dolor de muelas
y aspavientos entumidos
Te quiero, de aquí hasta el lugar común.
Te quiero contra mi mejor opinión
te quiero contra todos los pronósticos
te quiero, en promedio, cuatro veces
una por cada costado
y por arriba y abajo te quiero
te quiero mas sin en cambio,
te quiero nosotros, los de entonces
ya no somos los mismos te quiero
te quiero comillas te quiero
De hecho, como decía el poeta
te quiero.
Te quiero, regresando al buen camino
de las metáforas como relojito,
con la tristeza condensada
de varios años de sequía.
Te quiero con mi saudade
y mi suavidad, te quiero.
Te quiero, reciclando imágenes,
con el aire de la mañana
preso en tu cabello
con el sorbo temprano de café,
abonada con mis ósculos,
en la batea de una camioneta,
rechinando los dientes, te quiero.
Con lapsus calami,
te queiro, te qiuero, te quireo,
con el azul celetse
con la sonrisa próidga.
CON MAYÚSCULAS
te quiero gritonamente.
Te quiero en letra arial a doce puntos
con espacio y medio,
con comprobante de domicilio
con original y copia
con credencial vigente con foto.
Te quiero a ti y a tu cotorrita,
aunque no sepas qué es,
aunque no conozcas ni a coetzee ni a mí,
quijotescamente,
sanchopancescamente,
te quiero.

20090704

Tal vez no lo sabes
o no estás al corriente
de lo que pasa dentro de ti
como un estanque callado
que rebosante de vida
refleja las nubes del cielo
cual si fuese lo normal
y dentro no pasara nada;
tal vez sólo yo sepa
o finges no saberlo
con tal de verme rechinar las muelas
porque, por alguna razón
te gusta verme rechinando los dientes
apretar las quijadas;
tal vez no lo sabes, pero me amas.
Contra tu voluntad, me amas
piensas en mí sin quererlo
te regocijas en la oculta
manía de saberme tuyo
me esperas en la vuelta de cada esquina
casi me sientes tras de ti
imaginando tus pasos
o me inventas bajando
del camión para saludarte
y en la rutilante pantalla
sonrías hacia dentro
si piensas que entonces
hago lo mismo que tú:
escudriñar la ventana de diálogo
por si adivinas mi mirada
desde el otro extremo
desde otra ventana abierta.
Hace un año que me sabes
prendido de tu recuerdo
con las quijadas cerradas
sobre tu carne toda
los molares perforando
cada viso de tu alma
y sonríes por lo bajo
pero no lo sabes;
basta con que yo lo sepa.
Tal vez un día
decidas regresar a mí
¿quién te esperará más que yo?,
¿quién te guardaá tu lugar
con una fe inamovible?,
¿quién en su huerto tiene
un espacio para tu viña
mejor que el mío?,
¿quién con sus manos ha removido
las piedras angulosas
hasta dejar un nicho
donde crezcas a placer?,
¿quién con sus ósculos
te abonaría toda?
¿quién en sus prados cuida
el pasto más verde
para tu rebaño de gacelas?

20090603

Lluvia

Llueve. Tanto que las capas de aire se espesan y el horizonte oculta con su capa blanca al Pico de Orizaba y al Cofre de Perote. Si no trajera cosas que al mojarse se descomponen (mi ipod, mi teléfono celular, mi libro de Danilo Kis, mi salud...) caminaría bajo la lluvia hasta los dos o tres lugares a los que tengo que ir hoy. Cuando llueve así de fuerte, casi horizontalmente, me mojo las piernas sin remedio, de las rodillas hacia abajo.

Escribo sobre la lluvia, pero a la vez no escribo sobre ella. Escribo sobre la saudade, sobre las ausencias, sobre los planes futuros arruinados y la impotencia de las palabras.

Me he estado durmiendo temprano. Ha habido momentos en mi vida en que dormirme a las 0400 de la mañana era lo más normal, o las 0200, o a las 0130, pero me he estado acostando a las 2300 y caigo en un sopor acuoso, marásmico, pegajoso. Una voz me habla de lo más profundo del cansancio. Creo que no son vitaminas lo que me falta.

De pronto cesa la lluvia. Una extraña luminosidad cruza las capas de aire. Ya no llueve, pero aún llueve.

20090310

Tal vez tu recuerdo con el tiempo se vuelva a amargo; no sé si quiero eso. Sé que no quiero verte. Quiero, pero temo los borbotones de sentimientos. También sé que no seré tu amigo, no podría serlo. Un sueño aclaró eso para mí. Nos encontrábamos al azar. Yo intentaba irme, tú me decías que la que eras antes estaba como encerrada en una coraza y no sé que más, y que te disculpara. Ambos sabíamos que eso no significaba un “empecemos de nuevo”. Entonces yo te dije que nunca sería tu amigo. No recuerdo si te daba la disculpa que pedías. Nunca seremos nada uno del otro. Ahora, con más de un año en medio de nosotros sé que, si para sanar por completo es necesario que tu recuerdo se vuelva odioso, que así sea. Aunque si la decisión fuera mía, y si ello no me lastimara, preferiría quererte siempre.





20081201

Si el luto, como un embarazo, durara nueve meses, ya me sentiría bien y sostendría en los brazos mi corazón nuevo.

20081118

Heartbreak hotel


A veces no tengo ganas de leer. A veces sólo quiero tumbarme y que el tiempo pase sobre mí como un conjunto de estrellas olvidadizas. A veces en el polvo que el viento del norte levanta adivino toda suerte de nombres, menos el que quiero leer.


El camino rojo en el bosque del que alguna vez escribí ha desaparecido. Queda el sendero, pero de las piedras rojas que tronaban agradablemente bajo los pies sólo quedan migajas, esparcidas, sucias, al lado del camino.

A veces me siento como un hotel de paso abandonado. Las puertas rechinan y, prendidas de una sola bisagra, arrastran conforme la voluntad del viento. Las habitaciones son un paraíso para el polvo y las alimañas. Nada más triste que quinientas ventanas cerradas. Fantasmas deambulan, no arrastran cadenas, sino los pies; abandonados, olvidados por el mundo, no hallan descanso.

Pasan los autos. Pasan.

20081107

An end has a start




In the end
all you can hope for
is the love you felt
to equal the pain
you've gone through.

Editors, Bones

20081006

Placeres culposos


Esta semana en
Postsecret hay un secreto que dice (traducción simultánea):

Aunque tu corazón salvó la vida de alguien...
deseo que siguiera latiendo dentro de ti.


En la imagen se ve un joven alegre, mostrando los bíceps.

Frank, el administrador del blog, a veces incluye los e-mails que mandan los lectores de Postsecret y que podrían dar alguna especie de consuelo o apoyo. Bajo esta postal puso dos:

Alguien puede ver ahora a través de los ojos de mi mamá, Desearía que, en vez de eso, ella me estuviera mirando con ellos.

Su corazón debe haber sido hermoso y fuerte. Desearía que la vida que salvó hubiera sido la de mi hermano.


Este tipo de estrujamiento del corazón es el que busco cuando leo este famosísimo blog. Algo de consuelo y liberarse un poco es lo que impulsa a miles de personas a enviar sus postales.

Recién se abrió un blog un poco menos espeso, pero con el mismo espíritu: liberarse de secretos, pero en forma de placeres culposos. Cualquiera puede publicar sus placeres que le daría pena admitir en público, con total anonimato, sólo deben enviar un correo electrónico a placeresculposos@gmail.com No se pondrá su nombre ni dirección de correo. La invitación está abierta.

20080924

En que se habla de sueños


Hoy soñé que tenía una herida en la pierna y mi labor en la oficina donde trabajo era cuestión de obediencia militar. La herida tenía sangre seca, fresca y viscosa, los vellos enredados estaban pegados a la piel, que tenía un color que no debe tener la piel sana. Por disposiciones que no comprendo y que no cuestioné (estaba soñando, ya saben cómo es eso) se decidía que lo mejor era amputar la pierna, un poco abajo de la rodilla.

Todo esto pasaba en mi lugar de trabajo. A veces uno sueña que está en casa o en otro lugar, pero el lugar del sueño no corresponde al de la realidad, pero en el sueño uno sabe que, efectivamente, ésa es su casa. Pues no era así, soñé con la oficina tal cual es.

Total que le hablaban a un doctor, él venía a la oficina y me veía la pierna, sin siquiera tocarla, y decía "mejor voy a cortar la otra, ésta todavía puede salvarse" y yo pensaba "tiene sentido, si puede salvarse para qué cortarla". Entonces una enfermera empezaba a amarrarme un trapo en la boca y me decía que lo mordiera. Yo interrumpía al ver el oxidado serrucho que el doctor estaba sacando de un maletín negro, como deben ser todos los maletines negros de los doctores, y como seguramente era el maletín de Farabeuf.

Le decía "nel, yo quiero que me duerma, no anestesia local, quiero que me duerma" y el doctor replicaba "es que así es más fácil y más rápido". Yo contestaba que no me importaba, y que ciertamente no sería más fácil para mí. La jefa intervenía y decía que mejor lo dejáramos para el día siguiente. Yo sospechaba que su decisión tenía que ver con la carga de trabajo del departamento, pero no decía nada, significaba un día más con mi pierna y que podría despedirme de ella apropiadamente.

Durante el resto de la jornada laboral lloraba porque era el último día con las dos piernas. Al salir del trabajo pensaba que en realidad era absurdo que me amputaran la pierna si había posibilidad de salvarla, pero más ridículo era que me cortaran la sana. Y pensaba "mañana se los diré, no dejaré que me corten la pierna, además, fuera de la herida, no le veo nada malo".

Apuntes:

*Durante todo el sueño la pierna no me dolía ni nada, en el sueño no sentía molestia de ningún tipo.

**Acababa de leer un pasaje en el que unos mongoles desollaban a un hombre vivo y el recuerdo quedó vivamente impreso.

***Mis dos abuelos tenían diabetes y a ambos les amputaron las piernas.

****La referencia a Farabeuf, aunque se me acaba de ocurrir, no es gratuita, quien leyó el libro de Salvador Elizondo sabe a qué me refiero. Además, también hay una tortura (pero china) descrita gráficamente.


Si en la noche regresa el doctor, a quien llamaré Farabeuf, ya les contaré de a cómo nos toca.

20080918

En que Armandís habla de sí en tercera persona


A lo lejos, los árboles, los carros, los edificios se veían con una nitidez inusitada. Armando se detuvo a mitad del puente peatonal para analizar el fenómeno. El día estaba nublado, pero el horizonte adquiría una profundidad pocas veces vista. La luz era extraña, era como si no existiera; por supuesto que la había, de otra forma no se habría visto nada, simplemente sucede que –pensó después– las cosas se ven como si se hubiera levantado un velo, una cortina que no dejaba apreciarlas por completo. Eso era, lo cerrado del cielo no permitía el paso de la luz directa, la luz que hace entrecerrar los ojos o poner una mano hábilmente extendida sobre las cejas, la luz que obliga a usar lentes oscuros, la luz reverberante de los días de verano, la luz que hacía ver blanquísimos los azahares de la niñez.

Apresada, permanecía estática entre el Arriba y el Abajo, no lastimaba la vista, sino que la alargaba y dibujaba mejor los contornos, las sombras del rostro proyectadas por el propio rostro; las líneas y nervaduras de las hojas palpitantes, las ramas meciéndose; los cortes rectos, predecibles, de los edificios; los nerviosos autos, surcando la carretera.

Armando, parado ahí, viendo pasar a la gente que no parecía darse cuenta del fenómeno, se sintió secretamente feliz por un momento.

20080828

Golondrinas

Regresaron las golondrinas. Hace un año escribía haikus sobre ellas y un bosque con un camino rojo, y después de las comidas subía a la azotea a verlas volar, luego hablaba por teléfono y planeaba cenas y todo era hermoso. Hoy todo sigue bastante igual, sólo que lo veo con ojos distintos, ya tengo horario distinto, no subo a la azotea, no hablo por teléfono y no planeo nada. Pero las golondrinas no saben de estas cosas, ellas siguen cortando la neblina con sus alas, para ellas la única diferencia es la enorme estructura metálica que, según su creador, es una araucaria.

20080729

Armandís está...

Qué hacer cuando no tienes ganas de hacer nada. Los amigos me dicen pues sal (del verbo salir, no de cloruro de sodio-NaCl), pero precisamente no tengo ganas de salir. Tampoco de leer o de caminar o de tomarme unas cervezas.

Quiero creer que son las vacaciones, que me cierro al exterior y que reposo en mí, me nutro de mí, viendo hacia dentro, me tomo vacaciones del mundo e, incluso, de mí y de mis deseos.
Pero ¿y si no son las vacaciones? Y si algo se rompió dentro de mí, digamos, el resorte de las ganas de hacer cosas.

Quizá es la sibutramina, pero los síntomas los acusaba desde antes. ¿Y si regreso al trabajo y sigo con esta apatía de días sin bañarme, sin rasurarme?

No estoy triste, sorprendentemente. Estoy... no sé.

20080703

Ese que no soy yo

A menudo he fantaseado con ser otro. Y no ser otro sólo por serlo, sino ser alguien radicalmente distinto a mí. Me interesan los aspectos físico y mental. Incluso he pensado en el extremo: ser chaparrito, pelón, de lentes; o ser un completo idiota, cínico, corrupto y espurio.

Pero no sólo habitar esta energía que soy tras los ojos de alguien más, conservando mi conciencia; sino ser, en cada célula e impulso neuronal, esa otra persona.

Creo que lo llamativo para mí, en estas suposiciones, es experimentar otros tipos de conciencia: la conciencia de no tener nada, de no saber qué comeré mañana o dónde dormiré; la conciencia más apremiante de la salud, en el lecho sudado y oloroso, con dolores, con oleadas de malestar; la del deportista que ve lejanas sus aspiraciones sin importar lo duro que entrena o, por el contrario, del deportista exitoso; la del laureado profesor; la del ladrón, del malhechor necesitado que no sabe hacer otra cosa o la del que no quiere hacer otra cosa; del que hiere a alguien por gusto; de los estúpidos policías que, en vez de jalar, empujan; la conciencia del antropólogo que por primera vez se lleva a la boca un Psilocybe mexicana o cubensis; la del nuevo rico que todavía experimenta una corriente de endorfinas al comprar lo que antes no podía; la de la niña que espera un bebé, sin desearlo; la del escultor que vende su primer obra; la del jefe que es buena persona, pero no puede mostrarlo a sus empleados; la del bloguero(a) que escribe diario; la conciencia del anónimo que se toma muchas molestias para molestar; la del asesor de tesis que envidia a su asesorado; la del que incurre en acoso sexual; la de la acosada; la del que tiene dos trabajos y, además, es taxista; la conciencia de un vendedor de quesadillas; de un grupero, un reggaetonero; de un emo; de alguien con un título nobiliario; de un ciego; de un personaje de novela que se sabe personaje.

O experimentar la conciencia de otros seres: la de los árboles, de sus hojas ligeras y próximas a caer, de sus troncos torcidos o rectos, robustos o frágiles, de su savia palpitante; la de las luciérnagas y su búsqueda; la vertiginosa conciencia de las golondrinas; la de la mariposa que se esconde tras la puerta; la del gis que cumpliendo su propósito se consume; la de un libro, mientras alguien recorre su lomo con el dedo, o le hace cosquillas entre las páginas; la de un vaso, ¡Mas qué vaso —también— más providente!

O tal vez sea que, motivado por mis inconformidades, ansío dejar de ser yo mismo por un momento.

20080619

Armandís piensa en el futuro (del subjuntivo)

¿Y si me decidiere a enderezar mi vida? Si, por ejemplo, dijéramos, me metiere por fin al gimnasio e iniciare un régimen. O, no sé, empezare con la tesis y el servicio o dejare este trabajo, o si buscare una beca y me fuere del país o le dedicare ocho horas diarias a escribir y leer, ¿qué?

¿O si limpiare mi recámara con la regularidad de antes e hiciere lo que tengo que hacer cuando lo tengo que hacer?

Y ya hablando de la escritura, ¿y si retomare alguna de las tres novelas hasta acabarla?, ¿o hiciere el volumen de cuentos, o el de poemas?

O si, por el contrario, regresare a Mina y trabajare en la Refinería General Lázaro Cárdenas con un sueldo mínimo de doce mil pesos al mes, consiguiere una mujercita bonita, aunque tonta, y me dedicare a darle nietos a mi madre y a crecer mi panza cervecera, ¿qué, entonces?

O si ahorrare y no comprare tantos DVD que luego ni veo, o si, simplemente, pensare en el futuro como si me importara, y dejare de estar a la deriva, a la buena de Dios, que le dicen, ¿qué?

20080618

El lado amable de la censura

No toda la censura es mala; la impuesta por algunos gobiernos autoritarios o por aquellos que buscan ocultar algo que perjudique su beneficio personal por supuesto que lo es.

Pero las hay que buscan algún tipo de bienestar distinto del propio, la que no es egoísta, la que impone el decoro de no mostrar cuerpos mutilados en la televisión; o la que calla para no lastimar, como un amigo que no dice la verdad; la que omite para no humillar; la que procura no mostrar horrores a los que nada pueden hacer para solucionarlos; la del ataúd cerrado; la que cubre la desnudez de los ancianos y obvia la estupidez de los necios. La autocensura que convence al escritor de no incluir en su biografía aquel periodo de la adolescencia en que se masturbaba como mono.

Dicen los gringos ignorance is bliss, y temo que a veces estoy de acuerdo.

Pensaba borrar este blog una vez que no tuviera nada que decir acerca de ti, pero me ha servido de terapia y me encuentro mejor. Lo conservaré, y ya no hablaré de ti más, me censuraré, aunque de cierta forma estarás presente en cada post. Para mí, respecto de ti, M., lo mejor es el silencio.


Well, it's been a long time, long time now
since I've seen you smile.

Beirut, Nantes

20080506

Hoy volví a verte, lo cual no es raro ni curioso, lo curioso fue que pensé, un poco antes de pasar por tu trabajo "la voy a ver", y sí, ahí estabas, de espaldas, con una blusa amarilla y tu pelo suelto. Curioso también fue que me dio gusto verte, no sentí la punzada dolorosa de otros días.

Ultimamente he pensado en mandarte con la amiga los doce poemas que te he escrito, "es lo mínimo que puedo hacer", pienso. Una vez platicamos sobre el derecho que tiene sobre el poema la persona que lo inspiró, y repito, lo mínimo es que lo conozcas. Sin embargo, un amigo me hizo notar que no había pensado en las consecuencias. Yo sinceramente pensé que no las habría, no es mi intención que los poemas te hagan cambiar de opinión sobre lo que sientes por mí, dada la seguridad con que me dijiste las cosas que me dijiste ese día. Reparé, no obstante, en que tal vez te enojarías conmigo por no dejarte en paz, o que te sentirías halagada, pero no aceptarías el sentimiento, o tal vez, te sentirías triste, nostálgica; pero lo dudo. Pretendí que no me importaba si los leías o no, si te gustaban o si los odiabas, si los guardabas primorosamente o si los destruías, pero sí me importa.

Ahora no sé qué hacer.

También está la cuestión de que si te amo/amaba tanto, por qué no luchar, por qué me di por vencido tan pronto. ¿Es parte de ese amor el respeto por tu decisión?, ¿o es excusa para rendirme? ¿Ya me rendí? Esta decisión de darte los poemas ¿es un primer paso?, ¿qué espero lograr con ello?, ¿vale la pena?

20080424

Camino al trabajo un autobús del Museo Interactivo de Xalapa repleto de estudiantes con uniformes amarillos me cedió el paso.

Y yo no sé ustedes, pero yo acostumbro saludar cuando me saludan. Pues bien, un grupo de estos niños me saludó y les devolví el saludo. Creo que no se lo esperaban o tal vez venían jugando algo, pues el alboroto fue evidente. Tal vez se reían de mi camisa hawaiana con colores varios, chillones todos. Si fue esto último, me tiene sin cuidado.

Las policias que cuidan la entrada de mi edificio vieron todo, me recibieron con amplias sonrisas aprobatorias.

Esos niños y niñas me alegraron el día, y eso que venía oyendo Travis, que ultimamente me pone mal. En fin, hasta en los polos sale el sol de vez en vez.